jueves, 17 de marzo de 2016

“Una apuesta clara por un empleo estable y de calidad”

Definir con esta frase, como el pasado día 15 hizo el Consejero de Educación de Cantabria, la oferta de empleo público para nuestra comunidad autónoma es como decir que el sr. Ruiz quiere derogar la LOMCE; una falacia.

No se puede creer que convocando a oferta pública 178 plazas docentes se apueste por un empleo estable y de calidad cuando estas plazas suponen menos del 10% de las plazas a tiempo completo que ocupan los interinos en nuestra región.

Tampoco se puede decir esto, cuando de cubrirse todas las plazas, estas suponen una bajada de la tasa de interinos – superior al 30% en la actualidad- inferior al 3%.

Si Ramón Ruiz, considera que rebajar una de las tasas de interinos más altas de España en un miserable 3%, es una apuesta clara por el empleo estable, es o bien, que no conoce la realidad de la plantilla de mas de 7.000 docentes, o bien el concepto de estabilidad cuando se está refiriendo a entorno un 3% del total es surrealista.

A esto, hemos de sumarle que las especialidades convocadas no solucionan los problemas acuciantes que la Consejería tienen para cubrir los puestos de docentes de baja, de ciertas asignaturas. – como ejemplo de ellos, vemos cartas al director en diferentes diarios y anuncios de organizaciones estudiantiles de movilizaciones para que se cubran las sustituciones de los centros.-

De la misma manera sucede con la derogación de la LOMCE. Hasta la fecha, el Consejero lo único que ha hecho contra esta lesiva norma es una serie de declaraciones a los medios de comunicación y un postureo que nada tiene que ver con la necesidad de modificación de normativa para que la paralización, derogación y minimización de daños que la ley supone para el sistema educativo.

No tendría más que recoger los dictámenes que el propio consejo escolar de Cantabria aprobó, para modificar los desarrollos normativos territoriales, como la mayoría de ese órgano dijo que deberían haber sido. Pero para eso, también hace falta reunirse con las partes, negociar y sobre todo trabajar en una línea clara para que sus palabras no sean simplemente luz de gas.


En fin, que ni estable, ni calidad, ni derogación, ni acuerdos, ni negociación, ni nada.