miércoles, 10 de noviembre de 2010

“Me gusta ser docente, me gusta enseñar” “Somos docentes. Nos gusta serlo”



A PESAR DE QUE NO SIEMPRE ES FÁCIL
Enseñar ha sido siempre una tarea compleja. Los recientes cambios en la educación de los alumnos en el seno familiar han sido espectaculares. También lo han sido en la escuela, donde los grupos de alumnos son cada vez más diversos. La colaboración de las familias no es como debiera, especialmente en los casos más difíciles, y los gobernantes, las leyes y los interminables y complicados reglamentos no siempre facilitan nuestra labor.

Las exigencias y responsabilidades de la escuela han aumentado. El papel del profesor ha cambiado. No basta con transmitir conocimientos y hacerlo bien y para todos. Hemos de mediar entre el conocimiento y el alumno, promover valores, y a la vez, ser expertos en un sinfín de cosas: en nuevas tecnologías, en gestión de recursos, etc. A veces se nos pide suplir las carencias
de la educación familiar, dinamizar la comunidad, etc.

La profesión docente es una de las que está soportando con más valentía y tenacidad los consecuencias de los cambios sociales en el mundo de la infancia y la adolescencia. Se trata de un trabajo casi siempre silencioso y poco visible, que la sociedad no siempre sabe apreciar. Por desgracia, la escuela se ha convertido en objeto noticiable más por los escasos incidentes de violencia que golpean a algunos centros que por la lluvia fina de la labor que día a día desempeñan los profesionales de la enseñanza.

Y DE QUE NO SE VALORE SIEMPRE SUFICIENTEMENTE NUESTRO TRABAJO

A menudo nos sentimos como una pared contra la que se estrellan buena parte de los problemas sociales y carencias del entorno. En ocasiones nos vemos afectados por el desánimo cuando observamos que el entorno social no valora suficientemente nuestro trabajo, o cuando no sentimos el aliento del reconocimiento. Nos suenan a huecos los discursos retóricos y las alabanzas oficiales.

El sentimiento de soledad que padecemos ante la enorme responsabilidad con la que hemos de cargar en el desempeño de nuestro trabajo se ha agudizado de forma preocupante en los últimos tiempos. Sin embargo, nunca como ahora los profesionales de la enseñanza hemos estado tan necesitados de apoyo y de ánimos por parte de la sociedad en general y de los padres y madres de nuestros alumnos en particular.

PERO CREEMOS SIEMPRE EN EL VALOR DE LO QUE HACEMOS

Queremos seguir trabajando en nuestros centros educativos Somos conscientes de la importancia de nuestra labor y de su dimensión ética. Nos sentimos responsables con nosotros mismos, con los alumnos, con los compañeros, con la comunidad educativa y con el momento histórico en que vivimos.

Una enseñanza de calidad requiere de profesionales bien formados, permanentemente actualizados en sus áreas de conocimiento y motivados, lo que, a su vez, implica una adecuada inversión económica por parte de las administraciones educativas que permita incentivar y apoyar como se merece la labor docente.

Las nuevas condiciones en que los docentes tenemos que impartir las enseñanzas exigen una mayor implicación administrativa, que pasa por la dotación de profesionales de la educación que refuercen nuestras funciones. Pasa también por la reducción de las ratios en las aulas, por una oferta adecuada y de calidad de Programas de Cualificación Profesional Inicial para el alumnado que no quiere seguir en la Enseñanza Secundaria; por la potenciación de la acción tutorial y de los equipos de orientación educativa; por la dotación de la figura de educadores de calle y por una oferta de garantías jurídicas a los afectados por situaciones de agresión física o verbal. Como
es lógico, estas medidas exigen el correspondiente compromiso financiero por parte de las administraciones.

Y NECESITAMOS SIEMPRE EL RESPALDO DE LAS ADMINISTRACIONES Y DE LAS FAMILIAS

Para que el profesorado pueda realizar su trabajo es necesario que se reconozca su labor y su autoridad como eje fundamental del proceso educativo. Este reconocimiento pasa por proporcionarle las herramientas necesarias para llevar a cabo su tarea diaria y aplicando medidas que, además, redundarán en la mejora de la enseñanza.

Es imprescindible concienciar a los padres y madres del alumnado de la importancia de respetar al profesorado y la función docente. Igualmente, necesitamos el respaldo decidido e incondicional de las administraciones no sólo para evitar que sufran agresiones verbales o físicas en el ejercicio de su labor sino para que, cuando éstas se produzcan, se tramite la denuncia y la sanción correspondiente para el autor de la agresión.

Si insistimos en la necesidad de revalorizar el trabajo de los profesionales de la educación no lo hacemos guiados por un afán corporativista o por presentarnos como víctimas de la incomprensión. Lo que estamos reclamando es algo tan elemental como que si queremos educar bien, tenemos que arrimar todos el hombro. No nos parece justo exigir sin la contrapartida del esfuerzo por parte de todos, nosotros los primeros, eso por supuesto; pero también las familias y los propios alumnos Una cuestión tan importante y necesaria como la autoridad del profesor debe abordarse en un foro de carácter estatal, en el que estén representados todos los sectores de la comunidad educativa. En este sentido pensamos que el más idóneo para ello es el Observatorio Estatal para la Convivencia Escolar.

También nos parece necesario un compromiso social con los medios de comunicación, en particular la televisión, para abordar los contenidos de determinadas informaciones y programas, así como el tratamiento que debe darse cuando se producen hechos violentos en el entorno escolar.

1 comentario:

  1. ¿Los "liberados perpetuos" también hacen suyo el lema? Si es así, lo disimulan muy bien.

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